¿Moralidad “K” = Inmoralidad?

Columna de opinión de Federico Sabino. 

En estas últimas semanas, he leído todo tipo de comentarios en debates, publicaciones, y notas periodísticas sobre la millonaria fianza que se le otorgó a Lázaro Báez para obtener la prisión domiciliaria. He leído la palabra “Moral” en muchos de estos debates.


Y me han llamado la atención algunos comentarios como: “Son envidiosos del crecimiento ajeno” “No quieren la movilidad social” “No le perdonan el éxito a nadie” “Robaron, pero hicieron mucho” “Lázaro Báez es un preso político”. La verdad que al leer este tipo de comentarios quedé totalmente sorprendido, y pensé que sería bueno reflexionar sobre el tema.


En primer lugar, es importante recordar que Lázaro Báez está siendo procesado por los delitos de lavado de activos, agravado por realizar hechos con habitualidad, evasión impositiva y corrupción en la obra pública.
Esta famosa fianza, es de un monto de 632 millones de pesos. ¡Si leíste bien 632 millones! Para entender la magnitud de esta enorme cifra, daré 3 ejemplos de lo que se podría hacer con ese dinero. El costo de pavimentar una cuadra, con cordón cuneta, badenes y demás, es de aproximadamente un millón de pesos. Es decir, con ese dinero podríamos pavimentar 632 cuadras, prácticamente podríamos pavimentar todo Cañuelas, con ese monto por ejemplo podríamos pagar 62.000 ingresos familiares de emergencia, o podríamos cubrir gran parte de la inversión que realizo la cartera sanitaria de la provincia de Chaco, que fue de 853 millones, puntualmente 300 millones en insumos, 107 millones de pesos en equipamiento y 446 millones en medicamentos.

Y esto es solo lo que se podría hacer con la plata de la fianza, la cual no es nada comparando con la verdadera fortuna de Báez. En el año 2013 el Tribunal de Tasación de la Nación le adjudicó un patrimonio de 3.058.871.300 pesos. Para hacer una mínima comparación el Presupuesto de Gastos y Recursos del partido de Cañuelas para el 2020 es de 916.423.719, esto indica que, con la fortuna de Báez, cubriríamos el presupuesto anual de tres ciudades con características similares a las de Cañuelas.


En el año 2003, Lázaro Báez era un empleado bancario en el Banco Santa Cruz, y tenía a su nombre una casa, en la cual vivía. Durante los doce años de kirchnerismo, acumuló 1.412 activos, entre los cuales hay terrenos, casas, departamentos, cocheras, hoteles, empresas, estancias, locales comerciales, estaciones de servicio, galpones, edificios, aviones, vehículos y maquinaria vial.
La Justicia certificó que el patrimonio del empresario se incrementó entre 2003 y 2015 en un 12.127 %, y el de Austral Construcciones (su firma insignia, la cual solo tuvo como cliente al estado) un 45.313%.


La justicia cree que Báez adquirió su fortuna de forma ilícita, con una empresa que canalizó casi la totalidad de las obras viales en Santa Cruz con sospechosos contratos, con supuestos sobornos, la cual actuaba con sobreprecios y con bonificaciones realizadas a pesar del incumplimiento en las obras. Todo esto fue pagado por el Estado, fue pagado con el dinero que todos los ciudadanos aportamos con el pago de impuestos.


Además, enfrenta un juicio acusado del delito de evasión fiscal agravada. El magistrado asegura de que existen indicios sobre distintas maniobras para evadir implementadas desde el Grupo Austral como la utilización de facturas apócrifas, la falsificación de declaraciones juradas y la utilización de créditos fiscales inexistentes. Esta evasión le habría ocasionado al Estado daños patrimoniales por $670 millones.
Ahora pregunto, ¿Somos envidiosos del crecimiento ajeno? ¿No le perdonamos el éxito a nadie? Sinceramente no estaría haciendo este análisis si se hablara de la riqueza de Marcos Galperin (Fundador y CEO de mercado libre), esta reflexión no es sobre la distribución de la riqueza en el mundo. Es sobre el enriquecimiento ilícito, a costas del estado, así que la palabra envidia y la acusación de no perdonar el éxito quedan totalmente descartadas. Báez no tuvo éxito por su esfuerzo personal, lo hizo por ser amigo del poder.


¿No queremos la movilidad social? Totalmente falso, la movilidad social consta en que las familias progresen dentro de un sistema socioeconómico, puntualmente que puedan mejorar su calidad de vida, y ascender a un estatus socioeconómico superior. Lo que Báez hizo fue enriquecerse a costas del estado, justamente ese enriquecimiento fue en contra de la verdadera movilidad social ascendente. Por qué los recursos del estado se usaron para fines personales, y perjudicaron directa e indirectamente a las clases más vulnerables del país, quitándole la posibilidad de tener obras que mejoren sus condiciones de hábitat, o que el dinero del estado se use para la promoción social. El ascenso social se logra con educación de calidad, trabajo, esfuerzo personal, y con el aprovechamiento de las oportunidades.


Es el estado quien debe brindar esa educación de calidad, garantizar el acceso al trabajo, y trabajar para lograr la igualdad de oportunidades. El verdadero motor para el ascenso social es la educación, en Argentina a diferencia de muchos otros países, tenemos un sistema educativo totalmente gratuito, desde el nivel inicial hasta el universitario, y en los casos de las personas que no desean realizar una carrera terciaria o universitaria, también es necesaria la educación, precisamente la educación financiera para que les sea más fácil conseguir un empleo estable, comenzar su propio negocio, emprender o realizar networking. ¿No es esa la movilidad social que debemos defender y promover? En lugar de polarizar todas las situaciones, porque no mejor las analizamos objetivamente. Siendo el caso de la fortuna de Báez solo una parte de la “Ruta del dinero K”, ¿Por qué no exigimos que la plata de los argentinos se invierta en educación en lugar de usarse para beneficio personal? ¿Por qué no reclamamos por las obras que se pudieron haber hecho en esos 12 años?.


El último gobierno depositó todos sus esfuerzos en revertir estas situaciones, se enfocó en lograr la movilidad social ascendente, y erradicar la corrupción de la obra pública, para explicar mejor esto comentaré brevemente dos medidas puntuales. El programa Hacemos Futuro unificó los programas Argentina Trabaja, Ellas Hacen, y Desde el Barrio, dicha reformulación tuvo dos objetivos la terminalidad educativa y la formación integral. Fomentando el desarrollo de las personas para que tengan más oportunidades de insertarse en el mundo del trabajo. El programa brindó las herramientas para que los participantes puedan terminar sus estudios primarios y secundarios, además de capacitarse y mejorar sus condiciones de empleabilidad.


Por otro lado, corto la desviación de fondos generados por la corrupción en la obra pública. Se redujeron notablemente los costos de las obras licitadas después del 10 de diciembre de 2015. Esto fue resultado de una política transparente, basada en la publicación previa de pliegos competitivos y de la vigilancia sobre posibles cartelizaciones empresariales. Se estima que el sobrecosto en las obras públicas acumuló durante el período 2003-2015 la suma de 80.000 millones de dólares para un gasto total en obras de 152.117 millones.


Los sobreprecios y la corrupción en el gasto estatal tienen una connotación doblemente inmoral. Por un lado, detraen injustificadamente dinero de quienes lo necesitan, para enriquecer a los que delinquen y, además, reducen la ejecución y el mantenimiento de la infraestructura y de los servicios en detrimento de los usuarios.


Ahora realizo una última pregunta y llamo a que reflexionemos sobre esto. ¿A caso tiene moral alguien que avala y defiende este tipo de accionar corrupto? La moral es el conjunto de normas, valores y creencias, existentes y aceptadas que sirven para formar un criterio y un modelo de conducta para establecer lo que está bien o está mal. Podría decirse de manera coloquial que la moral indica que algo es correcto, aceptable o bueno en relación a la conducta de la persona.

Considero que en Argentina hay dos miradas, dos sistemas de creencias y valores, a grandes rasgos dos morales. Y que ambas ideas hablan a nuestro tiempo y a nuestra sociedad, hoy escindida y polarizada en dos mundos que juzgan y actúan de diferente manera. Y eso es totalmente válido. Pero también creo que una cuestión como la corrupción escapa de esas dos miradas, ya no se puede considerarse un análisis de percepción de moral, claramente hablamos de una cuestión inmoral, hablamos de conductas y de un accionar que deben ser repudiados y erradicados sin importan quien los realice. Y es una cuestión en la que todos como sociedad tenemos que involucrarnos y trabajar para que se termine.


Quiero cerrar esta nota con una frase del ex presidente de la Nación Argentina Raúl Alfonsín ”En Argentina hay hambre, no porque falten alimentos, sino porque sobra inmoralidad".


Federico Sabino.